18 jul. 2010

Platos a la carta.

"Salgo de casa justo cuando las farolas se despiertas. Primero tiritan, dudan y por fin se desperezan en la noche temprana y joven.


La gente noble, creyente y respetable se retira a sus hogares para acurrucarse junto al fuego, para leer cuentos de osos y miel, para que el padre se encienda una buena pipa y mientras se sirve un coñac explicarle a sus hijos temas cargados de moralina y moralejas, mientras utiliza esa sonrisa de listillo pícaro. Por supuesto la madre se dedicará a admirar a su hombre y reforzar su mensaje.



Como salgo cuando todas las buenas comadrejas vuelven a su agujero, mis pasos resuenan en el vacío. Salgo a estas horas pletóricas de nada porque tengo claro que me toparé con gente de moral distraida y dudosos hábitos. A estas horas mis venan destilan ácido, la boca me sabe a carbón, mis articulaciones son de titáneo y mis huesos son el más puro márfil africano. Mis ojos están atentos e inyectados en sangre...dejo que eligan a la víctima y comienza el baile.


Mis piezas son especiales: comienzan en el crescendo. Tengo que admitir mi debilidad por el sexo femenino, sus gritos me suelen llenar más y son más propensas a arañan y a morder. Las agarro por detrás...del pelo y dejo reposar mi cuchilla en su esbeltez, en su nacarado cuello...hago la suficiente presión para que una gota de rubí se asome y sepan que están en serio peligro...ahí empieza el forcejeo...la danza macabra de los supervivientes, e tira y afloja de los amantes que jamás se amaron. El ritmo va creciendo, estamos en éxtasis, casi latimos al unísono...y entonces llega la calma de repente, la calma de los amantes satisfechos.


Ella se ha quedado dormida..agotada. La honro arropandola con mi cuchilla, resaltando sus bellos rasgos y ocultando los escasos defectos...su sangre reposa sobre mi...y yo lamo su sangre, degustando ese plato exquisito...del sabor de las ciruelas maduras...mis ojos brillan felinos en busca del siguiente plano.

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